Cuando la invitación al cumpleaños no llega

Ningún padre bajo ninguna circunstancia quiere ver a su hijo sufrir y mucho menos cuando se trata de cosas circunstanciales sobre las cuales no se puede tener control  o influencia.

Aunque visto desde fuera, las fiestas de cumpleaños parezcan un simple evento para reunir amigos y familiares, compartir una picadera y celebrar alrededor de un bizcocho, es mucho más, tanto para el cumpleañero como para los invitados. 

Para el cumpleañero es un día especial, todos están ahí para festejar su llegada a la familia y esa reunión que año tras año se hace en su honor, va reforzando su autoestima porque aunque no lo creamos, esa fiesta sirve para unir lazos y recordarle a nuestro pequeñín lo orgullosos que estamos de sus logros desarrollados  y lo especial que es verlo crecer y compartir un año más de vida a su lado y al darle el protagonismo del evento, le va creando seguridad en sí mismo.

Igual sucede con los invitados. Generalmente cuando los niños empiezan a crecer y a tomar una participación más activa en los preparativos de su fiesta, piden invitar las personas que conforman sus círculos más próximos: vecinos, amigos del colegio y familiares cercanos; y estos a la vez se sienten felices porque fueron tomados en cuenta.

La otra cara de la moneda.

Hablamos de las bondades de celebrar una fiesta y que te inviten a ella, pero ¿alguna vez nos hemos puesto a pensar que significa para nuestros hijos el quedar excluidos de un cumpleaños?

Este caso es más habitual de lo que pensamos y se da con mayor frecuencia en escuelas con gran cantidad de alumnos, donde por razones económicas o de amistad no se puede invitar a todo el mundo al compartir.

Evidentemente, esto afectará al niño, mucho más si las invitaciones fueron repartidas frente a él y ahí mismo quedó aniquilada su esperanza de ir a la fiesta. Es difícil para él escuchar a los compañeros sobre los planes que harán, las actividades en las que participarán y ni hablar de los relatos una vez finalizado el cumple de lo bien que la pasaron.  Hay que escuchar y comprender los sentimientos del niño; y como padres lo más importante es contrarrestar su “bajón” de ánimo, convenciéndolo de que no hay malo en él, nada de inferior o defectuoso que haya provocado el rechazo, porque es muy probable que empiece a culparse de lo sucedido, degradando su autoestima.

Según el psicólogo Luciano Montero, un modo de hacerle ver que no sólo a él le ocurren estas cosas es contarle alguna situación similar que hayas vivido a su edad y lo que sentiste en ese entonces. Las relaciones familiares y las relaciones con los compañeros pertenecen a esferas diferentes y no son intercambiables, pero en los niños, aunque las amistades sean muy importantes, la principal fuente de afecto, autoestima y seguridad viene de su familia.

Sigamos celebrando con nuestros hijos por todo lo alto, esperando no herir los sentimientos de nadie. Si lo hacemos, no hay nada que una disculpa a tiempo no pueda resolver.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ecumple