Cumple Nostalgia

Te acuerdas cuando te llegaba esa invitación colorida con el súper héroe del momento o tu caricatura favorita e ibas corriendo donde tu mami a pedir ese permiso tan preciado para compartir con tus amiguit@s del barrio o del colegio.

Te vestían seriesit@ con el peinadito de lado o el lasito para las niñas, ibas a la tienda con tu madre días antes a comprarle el regalo a tu amiguit@.

Al fin el día tan esperado llega, regalo en mano tu mami te cruza la calle mientras te dice:

¨Pórtate bien si quieres volver, que Doña María no me de quejas¨ asintiendo con la cabeza dices si, y se sueltas corriendo para llegar a donde están todos reunidos, entre globos y algarabías.

Inicia de fondo  ¨! Sapito!¨ y las niñas empiezan a hacer maromas y mostrar su mejores pasos al son de la canción.

Los más audaces montaban su coreografía y los pequeñines seguían la rumba.

De algún lado el papá sacaba un palo y enganchaba la piñata en un clavo o se subía a una silla para sostenerlo, siento víctima de un golpe por la niña gordita que quería ser la primera en golpear. Salían a borbotones los dulces y todos se tiraban a la garata con puño a tomar los dulces, aparte de tomar, patadas, pisotones, empujones y uno que otro que salía partido por la intensidad con que se tiraba, que días aquellos, en lo que una barra de dulce ¡valía mas que la vida!

Llega el momento de la repartición de fundita, ¡Que lio! ¡A la más privona le han dado uno de varón!  ¡Se arman los gritos!  Ella quiere uno de niña, pero ¡oh sopresa! ¡Se han acabado y no quedan más!  Muy dominicanamente viene chembita y enemistad con el cumpleañero (que niños más inocentes eh! Jajaja)

Entre la música se oyen los pocos adultos, ¡Muchacho no corra! ¡Bajate de ahí! ¡No peles con Albertico! ¡Mira muchacho tan alzao baila con Ramonita! Mientras otros se toman la fiesta para ellos y parquean su mesa de domino donde los niños están dando la carrera de su vida (terminan como monitos).

Se nota la cara de hambre y la doña reparte la picadera, todos se paran a meter la mano en la bandeja y es un milagro sino se la tumban por tomar los pocos bocadillos que hay en ella.

¡Vamos vamos! ¡A cantar cumpleaños! Todos se agolpan en la mesa del bizcocho, donde siempre había uno que le metía un dedo al suspiro dejando su huella de ¨por aquí pase yo¨

¡Al final de la repartidera siempre saltan dos! Doña María, sáquemele un chin a mami, papi, mi tía y mi hermanita que no pudieron venir……

Sin duda los mejores tiempos, ¡A quien no le gustaría volver a vivir eso!    

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